Google Earth en el aula de matemáticas

Esta es una actividad que diseñé para primero de ESO y que tuvo bastante éxito. Está pensada para una sesión y tras haber recordado la longitud de una circunferencia. Si se dispone de pizarra digital el resultado es impresionante y muy motivador:

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Infinito más uno?

La niña volvió a escuchar la repetida cantinela con la que su padre solía asediarla de vez en cuando:
-Ana, cuánto es infinito más uno?
Diligentemente, ella contestó. Sabía lo que su padre esperaba:
-Infinito, papá.
Infinito, infinito, infinito, cuántas veces había contestado aquella pregunta con el convencimiento interno de que la respuesta debía ser en realidad, infinito más uno. Debía serlo, no cabía otra posibilidad. Pero algo ocurrió de pronto que ese uno pareció alargarse en su mente. Exactamente en ese instante, el bullicio  de la calle que la rodeaba pareció desaparecer y una serie de elementos perfectamente ordenados comenzaron a desfilar en su cabeza. Era eso, los elementos se deslizaban a una velocidad vertiginosa, en esa sucesión resultaba indiferente añadir un nuevo elemento, en aquel continuo sin fin, la serie permanecía inalterada.
Casi treinta años después, la mujer que ahora mira por la ventana  en un domingo lluvioso de otoño, cree que casi puede recordar el lugar y el momento exacto en el que el significado profundo y misterioso del Infinito la cautivó. Los detalles de ese recuerdo y el hecho de que se le haga presente de vez en cuando, le da una idea del efecto que causó en su mente dicho descubrimiento. No es posible que sea casualidad que esa niña ahora, que ya no lo es tanto, se dedique a enseñar matemáticas.
Quizá sea la lluvia, quizá la luz del atardecer o el que sea domingo por la tarde, pero no puede evitar pensar en sus alumnos. Será capaz de ilusionarlos, de promover sus propios descubrimientos, será capaz de acabar con el tedio en sus miradas… El hilo de sus pensamientos le lleva a un aula. Un aula en la que ella era alumna y en la que por primera vez oyó hablar del infinito en su colegio. Fijó su atención y no pudo evitar decirle a su mejor amiga que se sentaba en el pupitre que estaba justo detrás suyo:
-Escucha, escucha, Bea, que te va a gustar.
Fue entonces cuado su profesora dibujó un ocho tumbado en la pizarra y con eso se acabaron las explicaciones. ¿Qué el infinito era un ocho tumbado?¿Eso era todo?¿dónde estaba la profundidad que ella había percibido?¿dónde estaba lo interesante?¿dónde la emoción? Casi parecía una broma pesada, la decepción la inundó. Otro recuerdo bien nítido.
No, no puede ser casualidad que esa niña ahora, que ya no lo es tanto, se dedique a enseñar matemáticas. ¿Cómo puedo evitar repetir el papel de mi maestra? Esto es para mí una preocupación constante y lo que quisiera que fuese la guía de mi trabajo pero confieso que a veces resulta complicado.